Encontraron a Pío en un parque de Madrid, en mitad de una tormenta. Pudieron cogerlo fácilmente porque es dócil, muy cariñoso y tranquilo, y porque estaba aterrado, seguramente. Es un machito joven, de un año como mucho, que ya sabe lo que es el abandono. Es un conejo grande, que se derrite como un bebé cuando le hacen caricias. Buscamos para él una familia que sea consciente de que el amor y el cariño de un conejo no se mide por las orejas caídas o una medida pequeña. Es muy sociable con conejos y personas.