Luisito vivía en una jaula desde que nació. No sabía lo que era ni la verdura, ni el heno, ni el ser libre. Fue un regalo de Reyes y pudimos sacarlo de donde «vivía» para poder ofrecerle una nueva oportunidad. Está disfrutándola muchísimo: le encanta correr y saltar a sitios altos, comer manzana y pimiento, y dar besitos a los humanos que le permiten ser feliz. Necesita una casa para siempre.