Qué son los coccidios en conejos: la causa más frecuente de diarrea mortal en gazapos (guía completa 2026)

Coccidiosis en conejos: la causa más frecuente de diarrea mortal en gazapos (guía completa 2026)

La coccidiosis es, en la actualidad, la parasitosis diagnosticada con mayor frecuencia en el conejo doméstico. Su incidencia es especialmente elevada en gazapos durante las semanas posteriores al destete, una etapa crítica en la que el sistema inmunitario todavía es inmaduro y cualquier alteración digestiva puede evolucionar con extrema rapidez. La diarrea asociada a la coccidiosis no es un síntoma leve ni transitorio: en gazapos puede provocar la muerte en pocas horas si no se actúa de forma inmediata.

Cuando un conejo presenta diarrea, independientemente de su edad, debe considerarse una urgencia veterinaria. En animales jóvenes el riesgo se multiplica, ya que la pérdida de líquidos, la alteración de la flora intestinal y la rápida descompensación metabólica hacen que el margen de actuación sea muy limitado. En aquellos casos en los que el gazapo ha sido adquirido recientemente, especialmente si lleva menos de dos semanas en el nuevo hogar y comienza con diarrea abundante, apatía y pérdida de apetito, la probabilidad de estar ante una infección por coccidios es elevada.

La coccidiosis del conejo está causada por protozoos del género Eimeria, pertenecientes al phylum Apicomplexa. Existen numerosas especies de Eimeria capaces de parasitar al conejo, cada una con distinta localización intestinal o hepática y con diferente poder patógeno. Algunas especies provocan infecciones leves o subclínicas, mientras que otras pueden causar cuadros graves con alta mortalidad. Es importante entender que el conejo no suele morir por la presencia del parásito en sí, sino por las consecuencias de la infección: deshidratación severa, infecciones bacterianas secundarias, enterotoxemia y, en los casos más graves, intususcepción intestinal, un proceso en el que el intestino se pliega sobre sí mismo, comprometiendo de forma crítica la vida del animal.

El diagnóstico de la coccidiosis no debe basarse en la sospecha clínica únicamente. Es imprescindible la realización de un análisis coprológico, que permita confirmar la presencia de ooquistes de coccidios, cuantificar la carga parasitaria y valorar la gravedad real de la infección. En este análisis pueden observarse los ooquistes característicos y estimarse si la presión infecciosa es baja, moderada o elevada. En la práctica clínica, no siempre se identifica la especie concreta de Eimeria implicada, aunque conocerla sería de gran interés debido a las diferencias en patogenicidad entre unas y otras.

El tratamiento de la coccidiosis debe estar siempre pautado por un veterinario con experiencia en animales exóticos. Para eliminar los coccidios se emplean sulfamidas, que siguen siendo los fármacos más eficaces frente a estas infecciones. Medicamentos como el trimetoprim-sulfametoxazol o el toltrazuril forman parte de los tratamientos habituales. Es fundamental respetar la dosis y la duración indicadas, ya que interrumpir el tratamiento de forma prematura o utilizar pautas incorrectas puede favorecer recaídas o fracasos terapéuticos. Por desgracia, todavía hoy muchos conejos no reciben el tratamiento adecuado, lo que reduce drásticamente sus posibilidades de supervivencia.

Uno de los pilares del tratamiento es la hidratación. La deshidratación es el principal factor de riesgo de muerte en los gazapos con diarrea. En los casos moderados o graves, la administración de fluidoterapia por vía subcutánea resulta imprescindible. Habitualmente se utiliza una mezcla de suero glucosado y lactato de Ringer, ajustando la frecuencia y el volumen según el estado del animal y siempre bajo criterio veterinario. La fluidoterapia puede requerir varias administraciones diarias, incluso durante la noche, cuando el cuadro es severo.

La alimentación forzada constituye otro aspecto crítico del manejo. Cuando un gazapo deja de comer por sí mismo, el tránsito intestinal se detiene y el riesgo de complicaciones aumenta. En estos casos es necesario administrar papillas adecuadas, repartidas en varias tomas a lo largo del día, para asegurar un aporte mínimo de energía y mantener la actividad digestiva. Aunque el animal esté recibiendo suero, la alimentación sigue siendo esencial para su recuperación.

El cuidado de un gazapo con coccidiosis grave exige una dedicación constante. La higiene debe ser extrema, ya que los ooquistes se eliminan con las heces y el animal puede reinfectarse fácilmente al lamerse o ingerir material contaminado. Es necesario limpiar con frecuencia la zona perineal, cambiar el sustrato de forma regular y reducir al máximo la humedad del entorno. La recuperación, cuando se produce, suele comenzar a apreciarse tras aproximadamente una semana de tratamiento. Si no se observan mejoras, es recomendable repetir el análisis coprológico para evaluar la evolución de la carga parasitaria y, si es necesario, ajustar o cambiar el tratamiento.

Existen dos formas principales de coccidiosis en el conejo: la intestinal y la hepática. La coccidiosis intestinal es la más frecuente y está asociada a diarrea, deshidratación, pérdida de peso y, en casos graves, mortalidad elevada. La coccidiosis hepática, causada por Eimeria stiedai, afecta a los conductos biliares y puede provocar alteraciones hepáticas severas, retraso en el crecimiento e incluso la muerte. En muchos casos, esta forma pasa desapercibida hasta que se realiza una necropsia, debido a la ausencia de signos clínicos claros en fases iniciales.

El estrés juega un papel clave en la aparición de brotes de coccidiosis. Situaciones como el destete, los cambios de entorno, la sobrepoblación, la humedad elevada o las malas condiciones higiénicas favorecen la esporulación de los ooquistes y aumentan la presión infecciosa. Los animales jóvenes son especialmente vulnerables, aunque los conejos adultos también pueden desarrollar la enfermedad si su sistema inmunitario se ve comprometido.

La coccidiosis no es una diarrea leve ni un proceso autolimitado. Es una enfermedad potencialmente mortal que requiere diagnóstico, tratamiento veterinario adecuado y cuidados intensivos. La información, la rapidez en la actuación y la elección de profesionales especializados marcan la diferencia entre la vida y la muerte de un gazapo. En ANAC insistimos en la importancia de la prevención, la educación y la atención veterinaria especializada como herramientas fundamentales para proteger la vida de los conejos.

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