Beneficios de la castración en conejos: salud, calma y una vida más larga
La castración o esterilización es una de las decisiones más importantes para garantizar la salud y el bienestar de un conejo que convive como animal de compañía. Aunque muchos conejos aprenden a utilizar una bandeja sanitaria durante su etapa juvenil, la llegada de la madurez sexual suele traer consigo cambios de comportamiento difíciles de gestionar. El celo activa una fuerte necesidad de marcar territorio mediante la orina y las heces, intensifica la agresividad y favorece conductas destructivas. Esterilizar a un conejo no solo mejora la convivencia, sino que le proporciona una vida más larga y de mayor calidad.
La intervención debe realizarse, de forma general, a partir de los seis meses de edad, aunque el momento exacto dependerá de la madurez sexual del animal y de su desarrollo físico. Es imprescindible que la cirugía la realice un veterinario con experiencia en conejos, ya que su fisiología y manejo anestésico son muy distintos a los de perros o gatos. En conejos mayores de dos años, es recomendable realizar previamente un chequeo completo para asegurarse de que el animal está en condiciones óptimas para la anestesia y la cirugía.
Uno de los principales motivos para esterilizar a un conejo es el control de la sobrepoblación. Hay demasiados conejos abandonados, al igual que ocurre con perros y gatos. Muchos terminan en refugios saturados, son liberados irresponsablemente en parques o en el campo, mueren por falta de cuidados o incluso son utilizados como alimento para otros animales. Antes de plantearse la cría, es importante recordar que una sola camada puede implicar encontrar entre cuatro y catorce hogares responsables. Si esto no es posible, la decisión más ética es no contribuir al exceso de población y permitir que los conejos que ya existen tengan una oportunidad real de ser adoptados.
La esterilización también mejora de forma notable la relación entre el conejo y su familia humana. La mayoría de los conejos que viven como mascotas no están destinados a la reproducción, y mantenerlos enteros suele provocar problemas de convivencia una vez alcanzan la madurez sexual. Los conejos esterilizados suelen ser más tranquilos, equilibrados y sociables. Disminuyen las agresiones territoriales, los gruñidos, los mordiscos y la necesidad constante de marcar su espacio, lo que facilita una convivencia mucho más armoniosa.
En el caso de las hembras, la esterilización es especialmente importante por motivos de salud. Las conejas enteras tienen un riesgo extremadamente alto de desarrollar cáncer de útero a partir de los tres años de edad. Se trata de una esperanza de vida muy corta para un animal que puede vivir entre ocho y doce años. La esterilización elimina prácticamente este riesgo y previene también otras patologías uterinas graves como la piómetra, la endometritis o alteraciones vasculares del útero, todas ellas potencialmente mortales.
Además de los beneficios médicos, la esterilización en hembras reduce la agresividad asociada al celo y al instinto de protección del nido, evita los embarazos psicológicos y disminuye de forma significativa el marcaje territorial. Las conejas esterilizadas suelen aprender con mayor facilidad a utilizar la bandeja sanitaria, presentan menos conductas destructivas como morder o escarbar y muestran un carácter más estable, lo que facilita la convivencia tanto con personas como con otros conejos.
En los machos, aunque los riesgos oncológicos no son tan elevados como en las hembras, la castración aporta importantes ventajas. Previene embarazos no deseados y reduce de forma muy notable el marcaje con orina en aspersión, un comportamiento especialmente frecuente en machos enteros. La orina, además, pierde el olor intenso característico de los altos niveles hormonales. La castración también disminuye la conducta de monta, el nerviosismo y la agresividad, facilitando la socialización con otros conejos y mejorando la convivencia en el hogar.
Existe una falsa creencia de que ciertos problemas de comportamiento pueden corregirse solo con educación o paciencia. Sin embargo, cuando estos comportamientos están impulsados por hormonas, el conejo no tiene capacidad para controlarlos. Castigarlo, aislarlo o reducir la interacción por estos motivos no solo es injusto, sino que deteriora su bienestar emocional. La esterilización actúa sobre la causa real del problema y no sobre sus síntomas.
Uno de los aspectos que más preocupa a las familias es la seguridad de la cirugía. La esterilización es un procedimiento seguro cuando lo realiza un veterinario con experiencia en conejos y el animal está sano. La anestesia en conejos requiere conocimientos específicos, pero en manos expertas el riesgo es bajo. De hecho, cuando un profesional desaconseja la esterilización de forma generalizada, suele ser indicativo de falta de experiencia con esta especie.
En cuanto al momento ideal para la intervención, en las hembras se recomienda esterilizar antes del primer año de vida, preferiblemente alrededor de los seis meses. A edades tempranas hay menos grasa alrededor del útero y los ovarios, lo que facilita la cirugía y acelera la recuperación. En los machos, la castración puede realizarse una vez que los testículos han descendido al escroto, lo que suele ocurrir alrededor de los tres meses y medio, aunque muchos veterinarios prefieren esperar hasta los cinco meses.
En conejos de edad avanzada, especialmente a partir de los seis años, los riesgos anestésicos aumentan y la decisión debe valorarse de forma individual. En cualquier caso, una revisión previa completa es imprescindible para minimizar riesgos.
La castración no es un capricho ni una moda, es una medida de salud, bienestar y responsabilidad. Esterilizar a un conejo significa ofrecerle una vida más tranquila, más larga y con menos sufrimiento, además de contribuir activamente a reducir el abandono y la sobrepoblación. Es una de las decisiones más importantes que podemos tomar por ellos.