Viajar con tu conejo: cómo hacerlo de forma segura y sin poner en riesgo su salud
Viajar con un conejo requiere planificación y sentido común. Los conejos no son animales a los que les guste el cambio, el movimiento ni los entornos desconocidos. El transporte siempre supone una fuente de estrés, por lo que cualquier desplazamiento debe hacerse únicamente cuando sea necesario y procurando minimizar riesgos. Un viaje mal gestionado puede provocar desde estrés severo hasta problemas digestivos graves o golpes de calor.
Cuando el desplazamiento se realiza en coche, la opción más recomendable, siempre que sea posible, es transportar al conejo en su propio recinto. Reconocer su “casa” le aporta seguridad y reduce el nivel de ansiedad. Si esto no es viable, el transportín es la alternativa adecuada. En ambos casos, es muy importante fijar bien el transportín para evitar movimientos bruscos durante el trayecto. Una buena práctica es introducir el transportín dentro de una caja algo más grande y alta, que lo proteja del sol directo y de las corrientes de aire, y que además ayude a inmovilizarlo.
Durante el viaje, lo normal es que el conejo esté asustado y no coma ni beba. Esto es habitual y no debe forzarse. Si se decide ofrecer comida, el cuenco debe ir bien fijado al suelo para evitar que salga despedido en una curva y pueda golpear al animal. Con los bebederos hay que extremar la precaución, ya que pueden gotear y empapar el interior del transportín, algo muy peligroso, especialmente si hace frío o calor. Es preferible ofrecer hidratación antes y después del trayecto.
Siempre que se pueda, conviene evitar viajar en las horas de más calor y planificar el desplazamiento a primera hora de la mañana o a última de la tarde. Si se hacen paradas, el conejo no debe sacarse de la jaula o del transportín. Aunque pueda parecer buena idea “estirarlo”, lo único que conseguiremos es aumentar su estrés y el riesgo de que escape. Durante las paradas, es fundamental aparcar a la sombra y comprobar que la temperatura interior es adecuada.
En el caso de los viajes en avión, la situación es más delicada. Cada aerolínea tiene su propia normativa, por lo que es imprescindible informarse con antelación. Algunas compañías no permiten viajar con animales, otras obligan a que viajen en bodega y, en algunos casos, se permite llevar al conejo en cabina. El transporte en bodega no es recomendable bajo ningún concepto: los cambios de temperatura, el ruido, la falta de control y el estrés extremo hacen que sea una opción peligrosa para un animal tan sensible como el conejo. Si la aerolínea permite viajar con él en cabina, suele aplicarse una tarifa en función del peso, y es la única alternativa aceptable desde el punto de vista del bienestar animal.
Viajar en tren suele ser más sencillo en trayectos de cercanías, donde generalmente no se ponen demasiadas trabas siempre que el conejo vaya dentro de su transportín. En trenes de largo recorrido la normativa es más restrictiva. En algunos casos se exige el pago de un suplemento elevado y que el animal viaje en zonas específicas para equipaje. Estas condiciones no siempre son adecuadas para un conejo, por lo que conviene valorar si el trayecto compensa el estrés que va a suponer.
El autobús es, con diferencia, la opción menos recomendable. En transporte urbano, algunas normativas permiten viajar con animales pequeños dentro de transportín, pero siempre es aconsejable consultar el reglamento antes. En trayectos de larga distancia, las opciones suelen reducirse a llevar al conejo como equipaje o intentar “camuflarlo”, algo que entraña riesgos importantes. Transportarlo junto con maletas implica golpes, ruido constante, vibraciones y una ventilación deficiente. El riesgo de estrés extremo, asfixia o golpe de calor es elevado, por lo que no es una opción segura.
En todos los casos, hay que tener claro que viajar con un conejo no es comparable a hacerlo con otros animales. Su fisiología y su sensibilidad al estrés los hacen especialmente vulnerables. Antes de planificar un viaje, conviene preguntarse si es realmente necesario llevarlo o si existe la posibilidad de dejarlo en casa con una persona de confianza que conozca bien sus cuidados.
Si no queda más remedio que viajar, hacerlo de forma informada y responsable es la única manera de proteger su salud. Un buen transporte no convierte el viaje en algo agradable para el conejo, pero sí puede marcar la diferencia entre una experiencia estresante pero segura y una situación potencialmente peligrosa.