Cómo socializar conejos correctamente

Cómo socializar conejos correctamente

Los conejos son animales gregarios. En la naturaleza viven en comunidades organizadas, con relaciones sociales complejas y una jerarquía bien definida. Por instinto, buscan la compañía de otros individuos de su misma especie y necesitan ese contacto para mantener un buen equilibrio emocional. Por este motivo, un conejo que vive solo, aunque reciba atención humana, no está cubriendo todas sus necesidades sociales.

Ahora bien, que los conejos sean sociables no significa que acepten automáticamente a cualquier otro conejo. Al contrario: son animales territoriales y jerárquicos, y una introducción mal hecha puede acabar en peleas muy violentas. Nunca se debe introducir “a lo bruto” un conejo nuevo en el espacio donde ya viven otros conejos, porque lo más probable es que el residente defienda su territorio con agresividad.

Antes de iniciar cualquier proceso de socialización, es imprescindible que los conejos estén en condiciones óptimas de salud. Lo ideal es que hayan pasado previamente por una revisión veterinaria para descartar enfermedades, dolor o debilidad, ya que un animal enfermo o dolorido reaccionará peor al estrés del proceso. También es fundamental que estén tranquilos y que el momento elegido permita dedicarles tiempo y observación.

La esterilización de todos los conejos implicados no es opcional. Es un requisito imprescindible. Las hormonas sexuales incrementan la agresividad, la territorialidad y la monta, y hacen prácticamente imposible una socialización estable. Incluso conejos aparentemente tranquilos pueden reaccionar de forma imprevisible si están enteros. Además, la esterilización reduce enormemente el estrés durante el proceso.

Siempre que sea posible, es preferible que los conejos sean adultos y de tamaño similar. Socializar adultos suele ser más estable a largo plazo que hacerlo con animales muy jóvenes, aunque el proceso puede ser más lento. La combinación con mayor tasa de éxito sigue siendo la de macho y hembra, ambos esterilizados. Si se siguen las pautas correctamente, esta unión suele funcionar muy bien.

Las combinaciones de dos conejos adultos del mismo sexo son más arriesgadas. No significa que sean imposibles, pero hay que tener en cuenta que tanto machos como hembras tienden a ser muy dominantes entre sí, y las peleas pueden ser más intensas. En estos casos, la esterilización es aún más crucial y el proceso puede alargarse considerablemente o incluso no llegar a funcionar.

La socialización entre un adulto y un gazapo no es recomendable. Un ataque por parte del adulto puede ser letal para el pequeño. Siempre que sea posible, es mejor esperar a que el gazapo crezca y esté esterilizado antes de intentar la convivencia. Dos gazapos suelen aceptarse con facilidad, pero hay que extremar la precaución con el sexo de cada uno. Los machos alcanzan la madurez sexual antes, alrededor de los tres o cuatro meses, y pueden producirse montas y gestaciones no deseadas. Por ello, es recomendable separarlos completamente a partir de los dos meses y no volver a juntarlos hasta al menos un mes después de la castración del macho, realizando entonces una socialización adecuada.

Otra opción interesante son los tríos o grupos. Aunque pueda parecer más complicado, en muchos casos la socialización en grupo resulta incluso más sencilla que en pareja. Además, si uno de los miembros fallece, los demás pueden apoyarse mutuamente. Eso sí, cuantos más individuos haya, mayor será la complejidad y más dependerá del carácter de cada conejo.

El proceso de socialización debe realizarse siempre en un espacio neutral, un lugar donde ninguno de los conejos haya estado antes y que no identifiquen como propio. No es buena idea hacerlo en el territorio del conejo “antiguo”, ya que lo defenderá con intensidad. El espacio debe ser lo suficientemente amplio como para permitir que corran y se eviten, pero no tan grande como para que se ignoren por completo. Este espacio neutral deberá mantenerse durante varios días, normalmente alrededor de cinco, antes de trasladarlos al lugar definitivo. Cambiarlos demasiado pronto puede provocar retrocesos y peleas.

Si no se dispone de un espacio totalmente nuevo, se puede “neutralizar” una zona de la casa mediante una limpieza a fondo y cambios en la disposición del mobiliario, de modo que resulte irreconocible para el conejo residente.

El enriquecimiento ambiental es clave. Deben tener refugios, túneles, cajas y escondites, siempre con entrada y salida, para evitar que uno quede acorralado sin escapatoria. También conviene ofrecer comida atractiva, como una bandeja grande de verduras, heno repartido y algunas golosinas para distraer su atención. Durante los primeros encuentros es mejor evitar cuencos de agua que puedan volcarse; las verduras aportan hidratación suficiente al inicio.

Un truco que a menudo ayuda justo antes de empezar es provocar una pequeña experiencia compartida de estrés leve, como colocar a ambos conejos en el mismo transportín y dar un breve paseo en coche o por la casa. Esto puede favorecer que se apoyen mutuamente. Al llegar, se abre el transportín en el espacio neutral y se deja que salgan por sí solos. A partir de ahí, la intervención humana debe ser mínima.

Durante la socialización es normal observar conductas como olfatearse, ignorarse, montarse o perseguirse. La monta es una forma de establecer jerarquía, no necesariamente sexual. También es habitual que vuelen pelos y haya carreras. Todo esto forma parte del proceso. No se debe intervenir salvo que haya peleas realmente graves con mordiscos profundos o heridas sangrantes.

Como herramientas de apoyo se puede usar un spray de agua para desorientarlos en caso de pelea, una escoba para separarlos sin meter las manos y, si ambos lo toleran, caricias para tranquilizarlos. También puede ayudar limpiar a ambos con toallitas para que compartan olor y no se perciban como completos desconocidos.

Es muy importante no separarlos por comportamientos normales ni hacerlo porque haya que dormir o salir de casa un rato. La socialización debe planificarse en un momento en el que se pueda estar presente varios días seguidos, vigilando que ninguno esté excesivamente estresado o deje de comer. Tras los encuentros, conviene revisarles para asegurarse de que no tienen heridas.

Durante este proceso pueden aparecer consecuencias leves como diarreas por estrés o pérdida temporal de los hábitos higiénicos. Es normal y suele resolverse una vez establecida la jerarquía.

La socialización de conejos requiere tiempo, paciencia y realismo. No es un proceso rápido ni siempre fácil, pero cuando se hace bien, el resultado es una convivencia estable, segura y enormemente beneficiosa para el bienestar físico y emocional de los conejos.

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