Ceniza vivió junto a su hermana Fuego los mismos años y en las mismas condiciones: enjaulada, sin cuidados, sobreviviendo como podía. Cuando llegó a ANAC, lo que teníamos delante era una coneja asustada que no sabía qué era el cariño porque nadie se lo había dado.
Por ahora está en manos de nuestro veterinario. Todavía le queda la castración, y además hay que prestar atención especial a sus ojos y a sus dientes, que necesitan seguimiento. Creemos que tiene más de dos años pero su estado nos impide averiguarlo con certeza.
Ceniza aún no está disponible para adopción, pero sí puedes ir pensando en ella. Cuando llegue el momento va a necesitar exactamente lo mismo que Fuego: una familia paciente que entienda que hay que enseñarla a vivir, literalmente. ¡Adopta a Ceniza!
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