Fuego llegó a ANAC junto a su hermana Ceniza en condiciones que no deberían existir. Las dos sobrevivían en una jaula llena de suciedad, sin haber recibido un mínimo de cuidado en sus años de vida, fruto de un síndrome de Noé.
Tiene unos cinco años, y desde que llegó ha pasado por veterinario para revisar todo lo que nunca se había revisado. El útero ya no está – tuvimos que extirparlo porque había masas sospechosas – y eso ya es lo de menos comparado con todo lo que viene por delante.
Lo que la coneja Fuego necesita ahora es tiempo: tiempo para aprender que una mano que se acerca no viene a hacerle daño, tiempo para entender qué es el esquinero (ha vivido enjaulada toda su vida y no lo conoce) y tiempo para bajar de peso y sentirse mejor. Y una familia que entienda todo eso y no lo viva como un problema, sino como parte del viaje.
Está castrada y disponible para adoptar, pero queremos ser muy claras: Fuego es un proyecto de amor a largo plazo, una coneja para quien entiende que los animales que han sufrido maltrato necesitan que alguien apueste por ellos sin condiciones. ¡Adopta a Fuego!