Linux fue un regalo para unos niños y no salió bien (como es lógico). Ha pasado cerca de su año de vida enjaulado y sin mucho entretenimiento, comiendo un pienso que lo ha puesto gordito de más, y saludable de menos. Está ya listo para esa familia que lo sepa y quiera cuidar y le permita ser lo que es: un conejo. Le encanta la compañía humana y los mimos.