Reproducción en conejos: madurez sexual, gestación, parto y cuidados de la madre y los gazapos
Los conejos tienen una capacidad reproductiva muy elevada, resultado directo de su evolución como animales de presa. Para garantizar la supervivencia de la especie, maduran sexualmente pronto y pueden reproducirse durante todo el año. Este hecho, que en la naturaleza tiene sentido, en el entorno doméstico requiere información, responsabilidad y una gestión adecuada para evitar camadas no deseadas y problemas de salud tanto en la madre como en las crías.
La madurez sexual en el conejo aparece de forma relativamente temprana. En los machos suele alcanzarse entre los cinco y seis meses de edad, mientras que en las hembras puede adelantarse a los cuatro o cinco meses, dependiendo de la raza y del desarrollo corporal. En razas pequeñas este proceso suele ser más precoz, mientras que en razas grandes o gigantes puede retrasarse varios meses. A diferencia de otros mamíferos, la ovulación en la coneja es inducida por la cópula, lo que significa que no ovula de forma espontánea, sino como respuesta al apareamiento.
La gestación tiene una duración media de entre treinta y treinta y dos días. El número de crías por camada varía mucho según el tipo de conejo: en razas enanas lo habitual es encontrar entre una y cinco crías, mientras que en razas más grandes pueden nacer hasta diez gazapos. La coneja tiene cuatro pares de tetillas, suficientes para alimentar a camadas numerosas durante las primeras semanas de vida.
El sistema reproductor del macho está formado por los testículos, responsables de la producción de espermatozoides y hormonas masculinas. Estos se encuentran en el escroto, que además de protegerlos regula su temperatura. Los espermatozoides maduran y se almacenan en el epidídimo, desde donde pasan al conducto deferente. A lo largo del trayecto, distintas glándulas aportan los componentes del semen antes de su expulsión a través de la uretra durante la cópula. El pene del conejo carece de glande, una particularidad anatómica poco conocida.
En la hembra, los ovarios producen los óvulos y las hormonas sexuales. Están rodeados de tejido graso y conectados a los oviductos, donde se produce la fecundación. El útero es el órgano encargado de albergar y nutrir a los fetos durante la gestación. La vagina actúa como canal de copulación y de parto, y la vulva constituye la abertura externa del aparato reproductor.
Aunque los primeros comportamientos sexuales pueden aparecer ya a los dos meses de edad, ni los machos ni las hembras están preparados para una reproducción efectiva tan temprana. En los machos, los primeros apareamientos no suelen ser fértiles hasta los cinco meses, cuando los espermatozoides alcanzan una calidad adecuada. En las hembras, aunque pueden aceptar la monta hacia los tres meses, no se produce una ovulación eficaz hasta alrededor de los cuatro meses o hasta que alcanzan aproximadamente el 80 % de su peso adulto.
El ciclo sexual de la coneja se caracteriza por períodos alternos de fertilidad y esterilidad. El celo o estro es la fase fértil y suele durar entre doce y catorce días. Durante este tiempo, la hembra se muestra inquieta, frota la barbilla y el cuerpo contra objetos, levanta la cola y presenta la vulva enrojecida y caliente. Tras este período, aparece una fase de diestro, de unos cuatro días, en la que no acepta la monta y la vulva se vuelve pálida y pequeña.
La concepción puede verse influida por múltiples factores, como la edad avanzada, el estado físico, enfermedades, problemas genéticos, fetos retenidos o incluso embarazos psicológicos. La falsa gestación o pseudogestación se produce cuando una hembra no fecundada se comporta como si estuviera embarazada, llegando a construir un nido y a mostrar cambios de carácter. Este proceso no requiere intervención y desaparece de forma espontánea, aunque la esterilización elimina definitivamente este tipo de episodios.
La gestación dura de media treinta y un días. A partir del día veinte puede confirmarse mediante palpación abdominal, aunque esta técnica debe realizarla un veterinario especializado o enseñarse previamente, ya que una presión excesiva puede provocar abortos. Durante el embarazo, la coneja no necesita cambios drásticos en su rutina. Debe manejarse con suavidad, evitar el estrés y disponer siempre de agua y alimento adecuados.
El parto suele producirse de noche, en un ambiente tranquilo. La coneja construye el nido por sí misma utilizando pelo arrancado de su abdomen y materiales disponibles. Es importante no interferir durante el proceso y limitar la manipulación al mínimo imprescindible. Tras el nacimiento, conviene comprobar que los gazapos están vivos y retirar con cuidado aquellos que hayan muerto, siempre minimizando el olor humano.
La lactancia es un período crítico. Los gazapos dependen exclusivamente de la leche materna durante las dos primeras semanas. La coneja solo los amamanta una o dos veces al día, normalmente al amanecer y al anochecer, por lo que no debe interpretarse su ausencia del nido como abandono. Si los gazapos parecen débiles o no ganan peso, es fundamental revisar las mamas de la madre y acudir al veterinario, ya que puede ser necesario alimentarlos de forma artificial.
El manejo de los gazapos debe ser mínimo. Son extremadamente frágiles y necesitan el calor del nido para sobrevivir. Solo deben manipularse si es estrictamente necesario, siempre con suavidad y evitando cambios prolongados de temperatura. El destete se produce alrededor de las seis semanas de vida, y cuanto más tardío sea dentro de un rango seguro, más fuerte y resistente será el gazapo a largo plazo.
Comprender el proceso reproductivo del conejo es esencial para prevenir camadas no deseadas, evitar sufrimiento innecesario y tomar decisiones responsables. La esterilización sigue siendo la herramienta más eficaz para proteger la salud física y emocional de los conejos que conviven con nosotros y para frenar la sobrepoblación que tantos animales paga con el abandono.