Es un conejo joven, de apenas un año, abandonado en un parque de Salamanca con el codo luxado. Es muy bueno y cariñoso pero a su manera: como un gatito, viene a pedirte compañía, porque le encanta estar con personas. Da muchos besos a otros conejos y disfruta de las siestas en el sofá. Buen comedor de heno, y mejor brincador de alegría.