El sábado la llevamos al veterinario. Cuando vio que abría el transportín, ya se olía algo y se quería escaquear, pero no le quedó otra que acabar dentro de él.
Ya en el coche camino del veterinario, iba intranquila y nerviosa, como es normal, al fin y al cabo, ella no sabía a donde iba ni para qué…Me daba penita verla asustada, pero era algo previsible.
En el veterinario, le hicieron una revisión general y me preguntaron por su alimentación. Ella se portó muy bien y no paramos de darle caricias para que estuviese lo más tranquila posible. Lo único que gruñó un poco cuando le cortaron las uñas, y el veterinario le decía que no se enfadara.
Vieron su pelo, sus ojos, su cola, dientes, la pesaron, oyeron los latidos de su corazón, etc. Me dijeron que se veía bien cuidada (el brillo de sus ojos y el pelo, la posición de la cola, el peso, etc ), que ella estaba muy limpia y que la alimentábamos adecuadamente (me alegro de oírlo por la parte que me toca
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)
Pesa 1.8 kg y el veterinario dice que está dentro un peso saludable,
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y le tocó por las costillas para ver si tenía grasa o obesidad y decía que estaba bien porque cuando un conejo está obeso no se le llegan a palpar las costillas y que a ella sí se le palpaban.
Entonces yo le pregunté por su “buche” y me dijo que los conejos tendían a acumular un poco de grasa debajo del cuello.
Le dije que le echase un vistazo a sus orejas porque últimamente la veía rascándose dentro de ellas.
Entonces la examinó y encontró el motivo que ya me imaginaba: ácaros.
Al parecer tiene ácaros en las orejas y por ese motivo se rascaba. Pero ya está todo bajo control.
Ese día el veterinario le puso una inyección debajo de la oreja para acabar con los ácaros y ya está mejor. De todas formas, en dos semanas tengo cita de nuevo para revisarla de nuevo y ponerle una segunda inyección para acabar con los ácaros.
El veterinario dice que con dos o tres sesiones el problema estará resuelto, ya que los conejos evolucionan fácilmente en estos casos.
Según el veterinario, los ácaros se contagian de unos conejos a otros, así que igual los cogió cuando estuvo con otros conejos antes de venir para aquí o ella misma también pudo contagiárselos a otros conejos. Pues parece ser que los pilló y cada vez le fueron molestando más…Menos mal que ya está todo controlado.
(A los que adoptaran a algun@ herman@ de Kayla o tengan un conejo que tuviera contacto con ella, les aconsejo que comprueben las orejas de sus conejos, y por si a alguien le sirve de información, cada inyección sale en quince euros y es mano de santo).
Hablamos de su esterilización, pero va a tener que demorarse un poquito más por recomendación del veterinario por dos motivos: el primero, que es mejor terminar primero con el tratamiento contra los ácaros.
Y el segundo, que la peque está en celo o lo ha estado recientemente y tiene las mamas un poco hinchadas y rosadas, y es mejor esperar a que se le pase.
Me preguntó si le notara algún síntoma, sobre si daba patadas, o marcaba territorio con pis o conguitos, si notara algún cambio de carácter en ella…
La verdad, lo de marcar el territorio con pis o conguitos, no es uno de sus síntomas, pero sí es cierto que daba patadas con la patas traseras de vez en cuando y que está algo gruñona a veces (por suerte nunca muerde “mucho ruido y pocas nueces”, y con unas caricias se pone más tranquila, y eso que ella no es de pedir caricias, pero si caen…).
Yo ya lo había asociado al celo porque ya había leído artículos en ANAC.
Así que esperaremos a que todo esté adecuadamente y enseguida pondremos fecha a la esterilización.
Después de la revisión, el corte de uñas y la inyección, tocó volverse a casa. Esta vez aunque nerviosa, Kayla acabó espatarrada en el transportín.
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Y después de llegar de nuevo a casa y asimilar el día, ya estaba tan contenta por la casa.
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Esta fotografía es de ayer por la noche. Debió de pasarse diez minutos en mi regazo mientras yo la acariciaba y le daba mimitos.
Parece mentira que no se deje coger por propia voluntad y después esté tan tranquila y relajada como estuvo esos minutos en mis brazos.
Y después de los mimos, a corretear por el suelo como un torbellino.
Las primeras veces que la cogía en brazos enseguida se me quería ir, pero ahora está más tranquila que unas castañuelas. Yo creo que aunque se haga de rogar a la hora de cogerla, al final le gusta que le de sus mimos…